CARACAS.- Sobrevivir a un desastre natural puede ser considerado un milagro, pero salvar la vida en dos eventos catastróficos diferentes es más que un acto de resiliencia.
Los sobrevivientes de los terremotos del pasado 24 de junio y el deslave de Vargas en 1999, se convierten en voluntarios para canalizar así su dolor por la pérdida de un familiar o de su patrimonio.
Frederman Corro (Sobreviviente)
«En el 99 hubo como un aviso, las lluvias por así decirlo, y de cierta forma quienes hicieron vida aquí tomaron la decisión del posible riesgo que pudiese ocurrir en esa oportunidad. Ya en este 24 de junio nos agarró a todos fuera de base, muchos estaban en los tambores, en sus casas, haciendo su día a día. Estamos carentes de una vivienda, porque nosotros vivíamos acá y era nuestro lugar de trabajo, porque mi mamá es la conserje del edificio. Me ha costado mucho asimilar todo, pérdidas familiares, amistades, seres queridos», expresó.
En otro punto de La Guaira, sector Los Cocos, residía Eduard Atencio en los urbanismos de las Oficinas de Proyectos Presidenciales (OPP), específicamente en la torre 33, una de las estructuras que colapsó.
Afortunadamente, Atencio no se encontraba en su casa al momento del terremoto, pero al regresar a su residencia vieron los escombros del edificio que los albergó por muchos años.
«Tenía apenas 18 años para ese entonces, viví en carne propia lo que es salirse del estado y durar nueve meses a la nada. Había la posibilidad de irse a casa de un familiar, pero todos mis familiares también sufrieron. Con lo del 99, me ayudó a mí a mantener la calma en todo momento», afirmó.
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