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Una capital sin estadios

14/12/2017 | 06:00 am


La historia del nunca acabar, el cuento que siempre se repite, las promesas que nunca se cumplen, los proyectos que se pierden en el tiempo. Esa es la triste realidad que vive la capital venezolana en torno a sus escenarios deportivos, los cuales además de longevos y abandonados no presentan solución en el medio del camino.

Si buscamos las diferentes capitales de América y el mundo, sus capitales representan el centro de atención en cuanto a estadios innovadores, los cuales son el centro el epicentro de sus selecciones nacionales. Por el contrario, Caracas vive otra realidad, donde la destrucción y la desidia generan que ninguna selección nacional considere usar alguna de las instalaciones deportivas que ofrece la capital venezolana.

El fútbol en Caracas ha sido un constante dolor de cabeza durante los últimos años. El maltrecho estadio Olímpico de la UCV y el estadio nacional Brígido Iriarte no se dan abasto frente a la constante demanda que reciben. El coso universitario está cerca de cumplir setenta años de vida, mientras que el del Paraíso suma ya más de treinta años. Ambos se encuentran en un estado deplorable y ni siquiera con la excusa de la Copa América del 2007 se le dio un justo cuidado y remodelación. Hoy ambas plazas dan pena.

El béisbol es el deporte de mayor impacto en el país y resulta increíble que la única sede para la práctica profesional sea el estadio de la Ciudad Universitaria, que también está cerca de cumplir setenta años. A diferencia de su vecino estadio (fútbol) recibe un mejor tratamiento, pero sus años no pasan en vano y su vetusta estructura se ve de lejos, siendo uno de los peores estadios de béisbol en todo el país.

Para el baloncesto las cosas no cambian. Con dos plazas, el gimnasio José Beracasa (PNU) y el gimnasio José Joaquín Papá Carrillo, el deporte de los tableros no escapa de las malas estructuras de ambos, quienes con más de treinta años de vida han sufrido severamente el descuido de quienes lo manejan y terminan siendo de los estadios más incómodos de todo el baloncesto venezolano.

Lo peor de todo es que no hay soluciones a la vista. A la fecha ya se van a cumplir casi cinco años desde que se ofreció el proyecto el parque Hugo Chávez en la Rinconada, el cual debía culminar sus obras este año y que serviría para albergar las principales disciplinas profesionales de la capital,  aliviando la demanda y brindándole un estadio que Caracas se merece desde hace décadas. Lamentablemente hasta ahora sólo es una obra retrasada y su culminación no tiene fecha definida.

Mientras tanto, los días pasan. Es momento de que se preocupen quienes tienen que hacerlo, de abocarse a buscar una solución, de no prometer y cumplir. Lo que preocupa más es que si no se toman cartas en el asunto va a llegar un día donde estos escenarios colapsen y se detenga por completo la práctica del deporte profesional en Caracas. El tiempo corre y el deterioro avanza. Seguimos esperando respuestas. Caracas las merece.

Por Giancarlo Figliulo

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