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Genoma

Un centenar de cultivos «marginados» de África tendrán su mapa del genoma

06/10/2018 | 06:49 am


ROMA.- Recién formados en las técnicas más avanzadas, decenas de científicos africanos trabajan para completar la secuenciación de los genomas de 101 cultivos nativos que habían quedado relegados en su continente.

Busiso Mavankeni, jefa de investigación del Instituto de mejoramiento de cultivos de Zimbabue, ha hecho lo propio con el bambara, una de las doce especies que ya tienen su mapa del genoma -de acceso libre- a raíz de un programa del Consorcio Africano de Cultivos Huérfanos (AOCC, por sus siglas en inglés).

«Estoy emocionada porque hemos acelerado el proceso de selección genómica. Ahora soy capaz de identificar con rapidez los genes que puedo usar para que la planta sea tolerante a las enfermedades», asegura a Efe en una visita a Roma la científica, que lidera un equipo de cinco personas.

Todavía le falta por saber cómo emplear exactamente esa información genética contra una destructiva peste que ataca el bambara, una nutritiva leguminosa de grano que crece bajo la tierra y que cultiva el 70 % de los pequeños agricultores en su país.

Su idea es desarrollar variedades de alto rendimiento para aumentar la productividad de los agricultores zimbabuenses, que apenas logran 400 kilogramos por hectárea cuando podrían llegar a una tonelada.

A Mavankeni, más laborioso aún que determinar la secuencia del genoma le ha supuesto -dice- lograr financiación y apoyo para dedicarse a la ciencia en África.

Ella se encuentra entre los primeros 80 científicos beneficiados en los últimos años por el proyecto del AOCC, cuya academia tiene previsto entrenar a un total de 150 en el mejoramiento de plantas con equipamiento de última generación.

En la iniciativa colaboran 22 organizaciones, entre gobiernos, universidades, empresas, ONG y organismos internacionales, junto a una red de 24 instituciones agrícolas.

La directora de Nutrición de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Anna Lartey, recalcó en un reciente acto que el fin último tiene que ver con la recuperación de muchos cultivos africanos en riesgo de desaparecer.

Esa pérdida de diversidad ocurre mientras en todo el mundo la alimentación ha pasado a depender de un puñado de cultivos y solo tres (el arroz, el trigo y el maíz) representan más del 40 % de las calorías tomadas a diario, aunque hay alrededor de 6.000 especies de plantas que han sido adaptadas al consumo humano.

Para que la llamada Revolución Verde, que ayudó desde la década de 1960 a acabar con la desnutrición de millones de personas en Asia, llegue finalmente a África, Lartey consideró necesario «promover la producción, el consumo y la conservación» de los alimentos abandonados.

Una herramienta más en la lucha contra el hambre, que afecta a una de cada cinco personas y causa retrasos en el crecimiento del 30 % de los niños en ese último continente, según la ONU.

El consorcio ha elegido secuenciar un centenar de variedades «huérfanas» que todavía recogen unos 600 millones de africanos, de modo que para 2030 mejoren las dietas del 20 % de la población del campo y del 10 % de la urbana.

En Senegal, la genetista Adja Diallo está intentando descifrar el mapa del genoma del baobab y otras especies silvestres, complemento tradicional a la alimentación en las áreas rurales.

«Los árboles tienen un largo ciclo de vida y se pueden introducir en la cadena para incrementar los ingresos de los agricultores», subraya.

Una responsable de la conservación de la diversidad genética en Nigeria, Dorcas Ibitoye, apunta que ya han presentado una propuesta para desarrollar un tomate híbrido que resista al cambio climático y pueda venderse en los mercados.

Distintos tipos locales de papaya, ocra, calabaza, mijo o amaranto son otros de los cultivos que los científicos quieren blindar de toda una serie de problemas, desde los suelos demasiado ácidos o poco fértiles hasta la sequía y las plagas.

Para Enoch Dako, profesor universitario en Benín, esta oportunidad de formación le ha dejado una particular satisfacción personal: «Nos ha puesto en contacto con otros investigadores y hemos creado asociaciones», dice el miembro de esa nueva red en la que se consultan por Whatsapp.

EFE