EN VIVO DEPORTES



El Tour se pone a los pies de Poulidor

En los últimos años ha notado el limusín un cierto renacer del ciclismo francés

05/07/2016 | 01:09 pm


LIMOGES.- Cuando el Tour de Francia atraviesa las tierras del Limusín nunca pasa de largo por la figura de Raymond Poulidor. En Limoges, meta de este martes y salida del miércoles, el ciclista de los 8 podios es un ídolo y cuando atraviesen Saint-Léonard de Noblat, la ciudad donde vive desde hace 60 años, el eterno segundón volverá a mirar la carrera con los ojos vidriosos.

Poulidor volvió a subirse al podio, donde acompañó al eslovaco Peter Sagan, maillot amarillo del día en Limoges, otro ciclista que se hizo acreedor del calificativo de segundón cuando sumó 16 segundas posiciones de etapa.

El francés, sin embargo, ha visto su mito a salvo porque Sagan se ha vuelto a reconciliar con el triunfo.

«No puedo concebir mi vida sin el Tour de Francia», asegura el anciano exciclista que acaba de cumplir los 80 años pero que sigue siendo uno de los fijos de cada una de las ediciones.

«Poupou», posiblemente el corredor más popular de Francia pese a que nunca se vistió de amarillo, corrió 14 veces, pero nada más dejar la bicicleta fue comentarista, primero para la radio y posteriormente para la televisión. Hasta que las marcas se lo rifaban para colocar su logotipo junto a su imagen.

Los últimos, Poulidor es la cara en el Tour del banco que patrocina el maillot amarillo, en una de esas piruetas que suele hacer la historia.

Entre unas cosas y otras, Poulidor presume de haber pasado 54 julios de su vida en las carreteras. Siempre presente, como un referente de que, además de ganar, el Tour tiene que enamorar.

Esa ha sido la gran lección de la carrera de «Poupou», que pese a perder sistemáticamente los duelos con Jacques Anquetil, consiguió dividir a Francia en dos, en los que estaban por el calculador normando y quienes caían bajo el encanto del humano limusín.

El encanto de la pelea, de la búsqueda descarnada del éxito, aunque el éxito le diera la espalda una y otra vez. Tres segundos puestos en el podio final de París y cinco terceros, el último en 1976, en su última participación, cuando ya había cumplido los 40.

Desde entonces no ha dejado de pasar, de recorrer las carreteras de Francia, de firmar miles de autógrafos de los fans que reconocen su rostro de buena gente, de hijo de campesinos que se obstinó tras un sueño.

Estos días es, además, el protagonista, porque no ha sido él quien ha visitado el Tour, si no que la caravana se ha instalado en su casa, para homenajear sus 80 años, los 40 de su última carrera, de su último podium.

Poulidor firma libros, reparte besos a las señoras, apretones de manos a los caballeros, se hace fotos con niños y mayores. Siempre con una sonrisa, como si quisiera mantener el combate permanente por agradar a una carrera que se lo ha dado todo.

«El día que ya no pueda venir al Tour, no sé si merecerá la pena vivir. No quiero arrastrarme por aquí con muletas», asegura el octogenario de blanca cabellera.

«No creo que haya mucha gente que pueda contar que ha estado 54 años en el Tour», repite con orgullo. Incluso Bernard Hinault, quizá el único francés vivo que compite con él en popularidad, ha cedido en la batalla de la longevidad y vivirá este año su última carrera.

Poulidor sigue, porque confiesa que el Tour le hace rejuvenecer, rodeado como viaja siempre de caras nuevas, pendiente de contestar a las miles de preguntas sobre la carrera.

En el duelo que mantienen Romain Bardet y Thibaut Pinot, las dos mejores promesas del país, Poulidor ve una reedición de las batallas que él mantenía con Anquetil, aunque se niega a decir quién es quién.

Ríe el francés con la calma que da su experiencia. «El Tour me ha aportado todo lo que tengo, me ha enriquecido, me ha permitido conocer a gente que en mi vida de campesino nunca hubiera soñado», afirma.

EFE