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Payasos de hospital, profesionales con más que una narizota y buena voluntad

06/04/2018 | 07:54 am


VIENA.- No son médicos ni enfermeros y en vez de bata blanca llevan enormes narices rojas. Pero el trabajo de los payasos de hospital aporta mucho a la mejora de los pacientes, especialmente de los niños, y, por ello, su labor requiere de unos conocimientos y una profesionalidad que este colectivo insiste en reivindicar.

«Hay voluntarios que hacen el trabajo con mucha dedicación, pero no son profesionales», dice a Efe Mónica Culen, fundadora en 1991 de una de las primeras asociaciones de payasos de hospital en Europa y una de las organizadoras de la conferencia que reúne hasta hoy en Viena a casi 400 clowns clínicos.

«Es necesario adquirir ciertas habilidades antes de poder entrar en contacto con los pacientes, que normalmente son niños y gente en situación vulnerable», insiste Culen, miembro de la directiva de la Federación Europea de Asociaciones de Payasos Hospitalarios.

También es presidenta de Red Noses International, la asociación que organiza estos días el congreso «El arte del clowning: conectando cultura, arte y ciencia», en la Facultad de Economía de la Universidad de Viena.

Entre las mesas redondas, los debates y las conferencias, una de las ideas más repetidas es la necesidad de asegurar una formación mínima común para que los profesionales del clowning sepan cómo afrontar las diferentes realidades de los pacientes.

Actualmente no existe ninguna formación estándar. Cada organización u hospital decide qué requisitos exige.

«Lo fundamental es aunar la parte artística con la compresión de la situación, los sentimientos y el diagnóstico médico», añade Culen.

Una postura que comparte otro de los ponentes en el congreso, Giora Seeliger, director artístico de Red Noses Austria y que lleva casi 20 años tratando de profesionalizar el trabajo de los payasos de hospital.

«Trabajamos con grupos y artistas que son profesionales, y por eso reciben dinero por su trabajo», explica para establecer la diferencia entre lo que define como «personas con buenas intenciones» y los «profesionales».

Seeliger, junto con compañeros de otros nueve países de Europa central y Palestina, puso en marcha la Escuela Internacional del Humor, que ofrece cursos de formación para quienes quieren dedicarse al humor clínico.

«Son cursos que se desarrollan durante meses y que constan de 18 unidades o talleres», explica.

EFE

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