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Pablo Alborán/ Foto: @elfestival

El «monstruo» otorgó dos Gaviota a Pablo Alborán

27/02/2020 | 08:17 am


VIÑA DEL MAR.-Pablo Alborán logró esta noche dejar afónicas a las 15.000 personas que ovacionaron, cantaron y se murieron de amor al verlo cantar por tercera vez en su carrera en el Festival de Viña del Mar, entre cuyo público un chileno pidió a su novia matrimonio durante una de sus canciones.

Ya desde antes de que el protagonista de la noche saliera al escenario, el «monstruo», como popularmente se conoce al público del certamen, hizo retumbar una y otra vez el anfiteatro de la Quinta Vergara con sus apasionados gritos al ver el rostro del español en las pantallas u oír a los presentadores decir su nombre.

Con «No vaya a ser», uno de los temas más enérgicos de su último disco, «Prometo» (2017), Alborán inició el romántico periplo de canciones que encandiló a un público que más adelante él mismo aseguró que le ha hecho «crecer, soñar» y «estar constantemente en búsqueda, motivación y energía».

«Desde que vine a Viña la primera vez hicisteis que mi carrera pegara un suelto, que se abrieran las puertas de muchísimos lugares. Viña y Chile es responsable de que yo sea feliz», dijo el malagueño, que vuelve al festival tras sus presentaciones de 2013 y 2016.

Pablo Alborán/ Foto: EFE

El repertorio no defraudó. Tras «Pasos de cero» y «La escalera», del que fue su tercer disco, «Terral», de 2014, una intimista «Dónde está el amor», que interpretó ya sin chaqueta y con camiseta de manga corta, fue calentando el ambiente en la cada vez más fría noche de Viña del Mar.

Luego llegaron «Quién», con coros del publico en solitario en la parte final, «Tanto» y «Te echado de menos», guitarra en mano, para dar paso a la marea de globos blancos iluminados con los que el público acompañó en «Saturno».

«Quién me iba a decir a mí que todo esto existiría», dice una de las frases de «Tu refugio», que al cantar, Alborán no pudo evitar mirar, de forma especialmente cómplice, a su público chileno, que le respondió totalmente entregado con cada uno de sus contoneos en el escenario.

La Gaviota de Plata, la estatuilla con la que el festival honra a los artistas y que el «monstruo» ya había exigido a gritos, se veía llegar. Y llegó.

Ante los presentadores del festival, María Luisa Godoy y Martín Cárcamo, el cantautor, que saltó a la popularidad en 2011 con su primer disco, de título homónimo, insistió en que «siempre es un regalo volver» a este rincón del país chileno.

Pero lo mejor estaba por llegar. Sentado frente al piano, el malagueño cantó, con una perfecta voz, el que fue su primer éxito, «Solamente tú», que encadenó con «Prometo», uno de los últimos.

Es en ese momento cuando, entre el público, algo empezaba a ocurrir: un chileno estaba pidiendo a su novia matrimonio con esa canción de fondo.

Una canción improvisada, con una letra dedicada a Viña del Mar al piano, elevó los ánimos hasta el punto de que la Gaviota de Plata se había quedado corta. Pablo merecía también la de oro y la tuvo.

EFE

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