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Manuel Antonio Noriega, exdictador panameño

Noriega enfrenta, en ausencia, segunda audiencia que busca llevarlo a casa

28/01/2017 | 05:12 pm


DAVID, Panamá.-  El exgeneral panameño Manuel Antonio Noriega enfrenta hoy en Chiriquí una segunda audiencia de control en la que espera superar el último escollo para poder ir a casa a prepararse para una operación de cerebro, informó su abogado defensor Ezra Ángel.

El abogado dijo a los periodistas que «tenemos buen pronóstico, esperamos el mismo resultado de ayer», cuando otro juez, Roberto Alexander Sánchez, le concedió el beneficio en una audiencia celebrada en la capital panameña por dos casos, la muerte del mayor Moisés Giroldi y el fusilamiento de otros 11 militares que se alzaron contra Noriega el 3 de octubre de 1989.

Ángel reiteró que «vamos a solicitar hoy mismo el traslado» del exdictador a la residencia de su hija Sandra, en la capital, en preparación a la operación, programada para el próximo 15 de febrero, si el tribunal chiricano le da también el beneficio.

En la audiencia de Chiriquí se revisará la petición referente al caso de la desaparición y asesinato del médico opositor Hugo Spadafora, en 1985, cuyo cadáver decapitado apareció del lado costarricense de la frontera común.

Noriega paga 20 años de cárcel por ese crimen.

Además de Ángel, asisten a la audiencia Sandra Noriega y familiares de Spadafora.

La medida de arresto domiciliario fue aprobada días atrás por primera vez por la Sala Segunda de lo Penal del Supremo, en relación a la desaparición, en 1970, del dirigente sindical Heliodoro Portugal, por el que también es procesado el exdictador.

Noriega lleva 27 años en la cárcel, 22 de ellos en EEUU y Francia, por narcotráfico y blanqueo de dinero, y apenas 5 de los 60 que tiene que purgar en Panamá por graves violaciones a los derechos humanos.

La dictadura militar que sojuzgó a Panamá entre 1968 y 1989 tuvo en sus últimos seis años a Noriega como su último caudillo hasta que una invasión estadounidense lo derrocó el 20 de diciembre de 1989 y en enero de 1990 se entregó a la DEA y a los militares de ese país sin disparar un tiro en la sede de la Nunciatura, donde se había refugiado.

EFE/SPLL