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Bustos de Beethoven son mostrados en la exposición "Ludwig Van: El mito de Beethoven" en la Filarmónica de París (EFE)

El mito de Beethoven impregna la cultura universal

14/10/2016 | 11:47 am


PARÍS.-El influjo del mito de Beethoven ha traspasado la música y las fronteras para instalarse en el inconsciente popular como referencia de genialidad universal, según una exposición inaugurada hoy en París que señala que ese ascendiente ha tocado a figuras globales como Snoopy, Stanley Kubrick, las hamburguesas de McDonald’s o Lenin.

A través de manuscritos, esculturas, proyecciones, reliquias y mucha música, la exposición «Ludwig Van», en la Philharmonie de París hasta el 29 de enero, recoge la huella y la dimensión mítica del compositor alemán (1770-1827).

La historia de la excepcional posteridad de Beethoven comienza con su muerte, aquel fue el «año 0 de la modernidad», dijo uno de los dos comisarios de la exposición, Colin Lemoine.

El 26 de marzo de 1827 a las 17.45 se inició un duelo colectivo en toda Europa, al que seguiría un funeral de pompa como pocos.

«Jamás un emperador de Austria tuvo unas exequias como las de Beethoven», escribiría el Nobel francés Romain Rolland en «Las grandes épocas creadoras» (1945).

Desde entonces, su máscara mortuoria -algo habitual en la época- y la que se hizo de él en vida son el «tótem» de numerosos artistas que acuden a ella cuando la inspiración falta, explicó Lemoine.

Exponenciado por ambas máscaras, su influjo en la escultura se tradujo en incontables bustos, algunos de ellos firmados por Auguste Rodin o por Antoine Bourdelle, que versionó la cabeza del alemán hasta la extenuación.

Apenas tres años después de su muerte, el compositor era ya un «profeta» y el culto a los grandes hombres, tendencia en el siglo XIX, terminó por sacralizar su figura en forma de litografías de un Beethoven con corona de espinas o en la cuna rodeado como si de un Belén se tratase.

Pronto la devoción a su persona se articuló en el fetichismo que despertaron sus reliquias y el peregrinaje que todavía hoy se hace a sus residencias en Bonn, donde nació, y Viena, donde residió la mayor parte de su vida.

Filtrados por el tiempo, los acontecimientos de su vida fueron deformados y amplificados, dando forma a un nuevo Beethoven, que ha pasado a encarnar, lejos de la realidad, al artista trágico, solitario y melancólico.

El alcance del mito se ve reflejado en el interés que despiertan cada uno de los eventos que jalonaron su vida y muerte.

EFE