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Jugadores del Manchester United decepcionados por su debut con derrota en la Premier League. Foto: cortesía

Los viejos fantasmas regresan a Old Trafford

07/08/2022 | 11:39 am


CARACAS.- Con Cristiano Ronaldo en el banco de los suplentes, la era Ten Hag en el Manchester United comenzó con el pie izquierdo en su casa al caer 0-2 contra el Brighton, equipo que superó por varios pasajes del juego a su rival mientras los fanáticos locales abucheaban a los jugadores y CR7 animaba desde su lugar.

En el primer tiempo, el Brighton fue mejor en todos y cada uno de los aspectos que definen la diferencia sobre el terreno de juego, en aptitud y actitud, orden, ambición y transición, tanto en ataque como en defensa; en el segundo, el United despertó desde la imaginación de Christian Eriksen y la presencia de Cristiano Ronaldo, que entró al campo en el minuto 53, pero no le dio para nivelar el choque, entre otras cosas porque Rashford falló sus ocasiones.

La suplencia de un goleador como el portugués, quizá explicada desde su intención de salir o de su incorporación tardía a la pretemporada, es una concesión inasumible hoy por hoy para un equipo como el United, conjunto vulnerable en cada sector del terreno de juego con un bloque insustancial en su colectivo, que se encomienda a una colección de individualidades que desprenden un nivel que hoy no tiene el grupo.

La puesta en escena oficial de la era Ten Hag fue un desastre. No puede calificarse de otra forma su primer tiempo dominical en Old Trafford, que vio a un equipo superado por la presión alta de su adversario, desubicado en el repliegue, desbordado cuando debía contener en su retaguardia, irrelevante cuando creaba sus ataques en la otra área y que en tan solo 10 segundos ya le había entregado la primera ocasión a su rival en los pies de Trossard.

Cuando el Brighton lo presionó arriba, asumió la salida de balón como un jeroglífico irresoluble. Necesita mucho más trabajo. Su goleada en el primer duelo del verano al Liverpool fue un espejismo del que no queda rastro. Lo demostró hace una semana el Atlético de Madrid, que lo desarmó con dos semanas menos de preparación.

Al borde de la media hora, el marcador reafirmó su decepcionante presente, cuando la visita lo desmontó con un simple desmarque de Danny Welbeck. Fue indetectable para Lisandro Martínez y Harry Maguire, retratados en la acción. El delantero, entre los dos, cayó hacia la banda derecha para recibir el pase de Trossard y completamente solo le dio continuidad a la combinación con el pase al área que remató, solo, Pascal Gross para aperturar el marcador. 0-1.

Contemplativa, la defensa del United no se enteró de ninguno de esos movimientos, pero tampoco demostró la tensión, concentración o intensidad necesaria en el primer tiempo ni en el 0-2 diez minutos después, cuando March entró en el área contraria como si fuera la suya para soltar un tiro raso con la derecha. De Gea sacó la mano para despejarlo a un lado, donde aguardaba de nuevo Gross para empujar el balón y aumentar la diferencia.

Del ruidoso naufragio del primer tiempo no se salvó nadie. Quizá Eriksen, el único protagonista de la única ocasión del United en el primer acto con un tiro flojo a las manos del guardameta. No esperó más Ten Hag. El técnico mandó calentar a Ronaldo justo después del 0-2. No lo empleó al intermedio, del que se marchó su equipo entre la bronca de sus seguidores.

Seis minutos después del descanso, con sólo medio partido en esta pretemporada, el entrenador recurrió a él. En el minuto 52. Cuando entró en juego le transmitió su dimensión a sus compañeros. Su primer pase fue un regalo expreso para el 1-2 de Marcus Rahsford, de no haber sido por la formidable intervención del español Robert Sánchez, cuyo milagroso brazo izquierdo rechazó el gol del United. Una parada fantástica.

Una luz, aún tenue, en el túnel por el que había transitado el United durante toda la primera parte, como también lo fue la siguiente ocasión de Rashford, que remató mal el envío de Bruno Fernandes, mientras el reloj descontaba minutos, aunque ya fuera otra cosa, aunque las sensaciones eran radicalmente distintas a todo el tramo anterior, y Robert Sánchez se postulaba como figura en la portería del Brighton ante un tiro de Eriksen… hasta que falló en el 1-2.

No acertó a despejar un córner, quizá por efecto de Dalot, y el balón terminó en la red por el impulso involuntario de Mac Allister contra su propia portería. Era el minuto 67. No le dio para más al United, cuyo estreno confirmó el declive de los últimos tiempos.

EFE