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La poesía visual de Buñuel reivindica el poder de los sueños y la locura

20/10/2019 | 05:33 pm


BOGOTÁ.- La poesía visual de Luis Buñuel no pierde vigencia en su cine y sigue «contagiando de surrealismo» a una nueva generación de espectadores que reivindican el poder de los sueños.

El director de cine y escritor Javier Espada dijo en entrevista a Efe que Buñuel crea poesía a través de imágenes, «eso hace que su narrativa este ahí y su cine siga vigente 90 años después».

Espada es oriundo de Calanda, el mismo pueblo en que nació Buñuel, que a pesar de ser un lugar con pocos habitantes ha sido cuna de varios directores de cine, una pasión que lo ha llevado personalmente a profundizar el mundo interior de este artista.

«Él empieza escribiendo poemas vanguardistas que tienen que ver con un movimiento que hay en España en ese momento, liderado por Ramón Gómez de la Serna y posteriormente pasa al cine con esa misma imaginación, Buñuel es Buñuel siempre cuando escribe o cuándo filma», remarca el cineasta.

A Buñuel la infancia lo marcó mucho, recuerdos e imágenes aparecen de manera recurrente en su poesía y películas, como aquella citada de su libro de memorias «Mi último suspiro», en la que un día pasando con su madre por Calanda encontró un burro muerto, horriblemente hinchado y picoteado que le servía de banquete a una docena de buitres.

Esta imagen se convierte en parte de su forma de ver el mundo para referirse a lo «putrefacto» aquello que está por fuera de la vanguardia y aparece en películas como «Un perro Andaluz».

Igual ocurre con «Una jirafa», un serie de poemas que ilustran por cada mancha una secuencia de imágenes, las cuales van emerger en sus películas como la de un Cristo que está riendo a carcajadas que aparece años después en la película «Nazarín».

Temas como la religión, la muerte y el erotismo fueron lumbre para la creación de su poesía visual, así como su interés en la entomología que le despierta una fascinación por los insectos, parte de su surrealismo cinematográfico.

«Muchas veces se acerca desde una mirada de entomólogo, mira a sus personajes como si fueran insectos de una especie concreta, un juego que hace para tratar la religión en sus películas», añadió el director.

Al mismo tiempo Buñuel forma parte del movimiento la Generación del 27, un conjunto de escritores y poetas del siglo XX que quieren cambiar el mundo y que junto con Lorca emprenden la utopía de crear un desarrollo cultural en España.

«El arte nunca se había usado para cambiar cosas, era una representación, una estética, en cambio los surrealistas quieren sacar el mundo interior, recuperar los sueños, la locura, defender a los locos por ejemplo», manifestó Espada.

La tríada Dalí, Lorca y Buñuel «son amigos que comparten ese momento mágico de la creación, hay una influencia clarísima del cine en Lorca quien termina haciendo el guión de la película «Viaje a la Luna» tal como su libro de poemas surrealistas.

Luego, Buñuel también inspiró a Dalí como en los primeros planos de sus pinturas y fue conocido como «el director de la conciencia» por sus amigos ya que para él «el surrealismo más que una estética era una ética» para cuestionar al espectador y hacer que se «asomara a su interior».

De igual forma, es uno de los precursores del neorrealismo con trabajos cinematográficos como «Las Hurdes, tierra sin pan» y «Los olvidados» que mantienen imágenes surrealistas pero van más allá de contar una historia para denunciar una injusticia.

«Él decía que no vivimos en el mejor de los mundos posibles y con su cine quería contribuir a que nos diéramos cuenta que todos podemos construir un mundo mejor», expresó Espada.

Según Espada, a pesar de que el surrealismo como movimiento revolucionario no tuvo mucho éxito, logró que «todo el mundo asumiera un punto de locura que nos permite crear y hacer cosas», además de aclamar el deseo y los sueños como parte esencial de la vida.

EFE