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Papa Francisco en África

Una multitud espera la llegada del papa Francisco en el barrio chabolista de Kangemi en Nairobi

Una multitud espera la llegada del papa Francisco en el barrio chabolista de Kangemi en Nairobi

El papa Francisco exigió el viernes 27 de noviembre a los gobiernos que pongan fin a la «atroz» exclusión social que sufren los barrios marginales de las grandes ciudades, donde millones de personas viven sin ningún acceso a los recursos básicos y cada vez más hacinadas por la venta del suelo público a empresas privadas.

En África, donde el pontífice se encuentra de visita oficial, los barrios albergan a la mayoría de los habitantes de las grandes urbes en un mínimo porcentaje de terreno.

Un ejemplo es Nairobi, la capital más desarrollada del este africano: el 55% por ciento de su población -casi dos millones y medio de personas- vive en el 5% de la superficie que ocupa la ciudad, según datos de Naciones Unidas.

 Una multitud reacciona ante la llegada del papa Francisco durante un evento con jóvenes en el estadio de Nairobi

Una multitud reacciona ante la llegada del papa Francisco durante un evento con jóvenes en el estadio de Nairobi

El papa Francisco visitó  Kangemi, un «asentamiento informal» -eufemismo que emplean las instituciones públicas- donde cerca de 200.000 personas viven sin agua potable ni alcantarillado, y donde la luz llega ocasionalmente, de forma racionada.

Primero ensalzó la sabiduría y la «cultura de los barrios populares», donde convergen unos valores de hermanamiento «que no cotizan en bolsa», como la solidaridad o la bondad.

Después arremetió contra la realidad cotidiana de estos barrios, marcada por «la atroz» injusticia de la marginación urbana.

Llos jóvenes le pidieron consejo para afrontar dos de sus grandes preocupaciones: el reclutamiento de los grupos violentos y la corrupción

Llos jóvenes le pidieron consejo para afrontar dos de sus grandes preocupaciones: el reclutamiento de los grupos violentos y la corrupción

«Son heridas provocadas por minorías que concentran el poder y derrochan con egoísmo mientras crecientes mayorías deben refugiarse en periferias abandonadas, contaminadas, descartadas», criticó elpapa.

A la total falta de infraestructuras y servicios se suma una incesante presión urbanística, que reduce el espacio de vida a condiciones infrahumanas.

«Hay una distribución injusta del suelo» y un «acaparamiento de tierras por partes de desarrolladores privados sin rostro, que hasta pretenden apropiarse del patio de las escuelas de sus hijos», dijo.

Para el pontífice, esta realidad no es fruto de una combinación casual de problemas aislados, sino consecuencia de una «nueva forma de colonialismo» que pretende convertir a los países africanos en piezas de «un engranaje gigantesco», porque existen incluso presiones para controlar la natalidad y legitimar el modelo.

Para revertir esta situación, el papa propuso retomar la idea de una integración urbana «respetuosa», sin erradicación, paternalismos ni contención.

«Necesitamos ciudades integradas para todos», pero para ello también es necesario superar la «mera proclamación de derechos» que en la práctica no se respetan y concretar acciones sistemáticas que mejoren el hábitat popular: «No es filantropía, es una obligación de todos», dijo Francisco.

BAÑO DE MASAS EN KENIA

Después de esta visita al exponente más humilde y mayoritario de la población urbana de África, el papa recibió un último baño de masas en Kenia en un encuentro con jóvenes celebrado en un estadio deportivo.

El papa Francisco concluyó su estancia en Kenia con la visita a un barrio chabolista de Nairobi y un encuentro multitudinario con jóvenes en un estadio deportivo

El papa Francisco concluyó su estancia en Kenia con la visita a un barrio chabolista de Nairobi y un encuentro multitudinario con jóvenes en un estadio deportivo

Allí, en su último acto antes de abandonar Kenia y poner rumbo a Uganda, los jóvenes le pidieron consejo para afrontar dos de sus grandes preocupaciones: el reclutamiento de los grupos violentos y la corrupción.

Respecto a la primera, el papa reiteró que los gobiernos deben garantizar el acceso a la educación y al mercado laboral para los jóvenes, «porque sin esto no hay futuro».

«Si un joven no puede estudiar ni trabajar, ¿qué puede hacer?: delinquir, caer en las dependencias (drogas), suicidarse o enrolarse, engañado o seducido, en una actividad que le demuestra un fin en la vida», señaló.

Sobre la corrupción, que a diario obliga a jóvenes y adultos a pagar un extra para conseguir cualquier cosa, incluso en el colegio o la universidad, el papa aseguró que es «un camino de muerte».

«Es algo que gusta tanto como el azúcar y que hace que nuestros países terminen diabéticos (…) Cada vez que aceptamos un soborno destruimos nuestro corazón, nuestra personalidad y nuestra patria», apuntó Francisco.

El encuentro fue una manifestación más de la festiva cultura africana, con bailes, cánticos y rezos colectivos, que sirvieron como último contacto del papa con la población keniana antes de emprender en Uganda la segunda etapa de su viaje, iniciado a última hora de la tarde con el recibimiento del presidente Yoweri Museveni.

El papa Francisco (dcha) saluda a los fieles en Nairobi (Keia) hoy, 27 de noviembre de 2015

El papa Francisco (dcha) saluda a los fieles en Nairobi (Keia) hoy, 27 de noviembre de 2015

En Uganda permanecerá día y medio y, durante este tiempo, visitará el santuario anglicano de los mártires de Namugongo, cerca de Kampala, en el sur, donde oficiará una misa en recuerdo de los 25 ugandeses católicos y anglicanos asesinados entre 1884 y 1887.

Ese día, Francisco también dialogará con los jóvenes ugandeses y con los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas del país.

Celebrará una reunión con 100.000 jóvenes en Kampala, donde escuchará la experiencia de un chico sobre su secuestro cuando era niño por los guerrilleros en el norte del país, y la de una chica que lucha contra el sida.

El domingo 29 de noviembre, partirá hacia la RCA donde será importante la visita a un campamento de refugiados, víctimas de la guerra civil.

El papa abrirá la Puerta Santa de la Catedral de Bangui, con una anticipación del inicio del Jubileo de la Misericordia, que en Roma será el 8 de diciembre.

Otros actos importantes de esta visita será la reunión que Francisco mantendrá con la comunidad musulmana en la mezquita de Koudoukou y concluirá con la misa en el estadio de Barthélémy Boganda.

EN UGANDA

El papa Francisco aseguró que el mundo entero mira hacia África como el «continente de la esperanza», por lo que espera aprovechar su primera gira africana para reclamar soluciones a sus problemas y resaltar sus logros y virtudes.

 La gente aclama al papa Francisco a su llegada al templo del Mártir Munyonyo en Kampala

La gente aclama al papa Francisco a su llegada al templo del Mártir Munyonyo en Kampala

A su llegada a Uganda y tras mantener un breve encuentro con el presidente, Yoweri Museveni, el pontífice ensalzó la preocupación «excepcional» de este país por acoger a refugiados «para que puedan reconstruir sus vidas con seguridad y con el sentido de la dignidad que proporciona ganarse el sustento mediante un trabajo honrado».

«Nuestro mundo, atrapado en guerras, violencia y diversas formas de injusticia, es testigo de un movimiento de personas sin precedentes», alertó.

 El papa Francisco (c) con el presidente ugandés Yoweri Museveni (c-d) a su llegada al palacio presidencial en Kampala, Uganda

El papa Francisco (c) con el presidente ugandés Yoweri Museveni (c-d) a su llegada al palacio presidencial en Kampala, Uganda

En su opinión, la manera como tratamos a los refugiados es una prueba «de nuestra capacidad de humanidad, de respeto por la dignidad humana y, sobre todo, de nuestra solidaridad».

El papa también aprovechó la ocasión para pedir a los gobiernos que garanticen una «buena y transparente» gestión pública, un desarrollo humano «integral» y una distribución «racional y justa» de los bienes.

Francisco visitará el sábado el santuario anglicano de los mártires de Namugongo, cerca de Kampala, donde oficiará una misa en recuerdo de los ugandeses católicos y anglicanos asesinados entre 1884 y 1887.

REPÚBLICA CENTROAFRICANA

El papa Francisco concluyó el lunes 30 su viaje a la República Centroafricana dejando una esperanza de paz entre cristianos y musulmanes, que por un día olvidaron el sangriento conflicto que les enfrenta y se abrazaron para celebrar la mediación del pontífice.

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En la República Centroafricana culminó su gira en África

Aunque es pronto para saber si los efectos serán reales, la entrada de Jorge Bergoglio en la mezquita central de Bangui y su insistencia de unión en todos los actos celebrados durante el día y medio que ha durado su estancia en la capital, propiciaron un grito popular conjunto: ¡la guerra ha terminado!

El gesto más efectivo de toda la visita del papa a África ha sido la realizada al templo enclavado en el «PK5», el barrio donde permanece recluida la poca población musulmana que queda en la ciudad, que al igual que en el resto del país ha sido masacrada o forzada al exilio a manos de milicias cristianas, la confesión mayoritaria.

Las autoridades -apoyadas en la confianza que otorga un gran despliegue de los cascos azules- abrieron la avenida Barthélemy Boganda que lleva a la mezquita y también conduce al estadio deportivo donde el papa ofició su última misa en el país, y los ciudadanos respondieron saliendo a la calle sin miedo.

Mujeres cristianas recibieron con pancartas a Francisco en el barrio musulmán y centenares de musulmanes marcharon tras la comitiva papal hasta el estadio. En el camino ambas confesiones se abrazaron y gritaron juntas por la paz.

«Es un día hermoso para los musulmanes. No creíamos que podía llegar, pero así ha sido. Hoy he podido abrazarme con mis hermanos cristianos. Es un milagro», decía emocionado a Efe Amza Mahamat, un vecino del PK5.

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El papa Francisco oficia una misa en el estadio Barthélemy Boganda de Bangui, capital de la República Centroafricana

Era la primera vez que un papa pronunciaba un discurso en el interior de una mezquita, donde pidió el fin de la exclusión por etnia, adscripción política o confesión religiosa.

«Permaneced unidos para que cese toda acción que, venga de donde venga, desfigura el rostro de Dios y tiene como objetivo la defensa a ultranza de intereses particulares en perjuicio del bien común», alentó el pontífice.

«Digamos no al odio, a la venganza, a la violencia, en particular la que se comete en nombre de una religión», insistió Francisco.

En este clima de espontánea hermandad, el papa Francisco llegó al austero estadio deportivo de la capital para celebrar el último oficio religioso antes de concluir su viaje a África, que también le ha llevado por Kenia y Uganda durante los últimos seis días.

«Ustedes, queridos centroafricanos, deben mirar al futuro y, apoyándose en el camino ya recorrido, decidirse con determinación a abrir una nueva etapa en su país, a lanzarse hacia nuevos horizontes», exhortó el papa.

A diferencia de las multitudinarias misas celebradas en Kampala y Nairobi, esta vez no hubo miles de teléfonos móviles captando el momento, porque los centroafricanos se encuentran entre los más pobres del continente.

La escenografía huyó también de grandes despliegues tecnológicos y recurrió a sencillos motivos que fusionaron las raíces de la cultura centroafricana con el culto católico.

Con información de agencia EFE

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