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Lang Lang, toca entre los tiburones del renovado Oceanográfic de Valencia para comprobar si la música amansa a las fieras en una demostración artística hasta ahora inédita. Foto: EFE

El virtuosismo de Lang Lang ‘hace bailar’ a los tiburones en Valencia

 El virtuosismo de uno de los mejores pianistas del mundo, Lang Lang conquistó hoy a los tiburones del Oceanográfico de Valencia, España quienes por momentos parecían moverse al son de la melodía de Ennio Morricone para «The Hateful Eight», galardonada con un Óscar

04/03/2016 | 02:07 pm


VALENCIA.-«Esto es increíble, espero poder volver y tocar el piano con los peces y los tiburones», confesó el pianista chino, quien de niño había imaginado poder tocar frente a paisajes bonitos y hoy su sueño se hizo realidad ante esa «maravillosa audiencia».

Para ello, se instaló en el túnel de los tiburones de 35 metros de largo de uno de los acuarios más grandes del mundo un piano gran cola Steinway de 2,74 metros, que ha sido necesario bajar por cinco tramos de escalera.

Foto: EFE

Foto: EFE

Rodeado de 7.000 metros cúbicos de agua por los que deambulaban tiburones grises, rayas, tiburones toro y peces guitarra, entre otras especies propias de mar abierto, Lang Lang inició su particular homenaje a los peces con el «Liebestraum» de Franz Liszt, obra que le ha inspirado este singular escenario.

El célebre y mediático músico tocó además por primera vez en público una pieza de la banda sonora original de «The Hateful Eight», la última película de Quentin Tarantino, que le ha valido a Morricone su primer Óscar por un trabajo de composición.

Lang Lang, quien confesó que le alegró mucho que el maestro italiano recibiera ese premio, interpretó la obra con una sonrisa en los labios, mientras seguía con la mirada e incluso con la mano a los escualos, que en algunos momentos quedaron detenidos sobre su cabeza, como si estuvieran escuchando a la gran estrella.

El tiempo también pareció detenerse en el túnel de los tiburones, donde un silencio absoluto acompañó la ejecución del pianista chino, al que se vio disfrutar mientras emocionaba a los que tuvieron el privilegio de presenciar esta experiencia única.

El broche final fue una obra china, «Coral Dance», porque Lang Lang siempre hace un guiño a su país natal y se considera embajador de la China moderna, cuyos niños tienen en él a un ídolo y es el causante de que muchos de ellos hayan querido aprender a tocar el piano.

EFE