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El Fútbol Ascendente

14/07/2018 | 09:15 am


El mundial de Rusia 2018 puso fin al mito de que este torneo estaba constituido y destinado únicamente para las grandes selecciones. Quisimos creer que solo el selecto grupo de ocho campeones, más alguna que otra sorpresa, podían batirse a duelo siempre en las rondas finales con el fin de sumar otra copa del mundo a sus vitrinas. Nos negamos a presenciar un mundial sin Alemania en cuartos de final. Y con el paso de los días, lo único que sigue siendo cierto de todo esto, es que aún estamos lejos de entender a la perfección este deporte.

Con el periódico del lunes es fácil hablar del maravilloso torneo que ha hecho Croacia, de la personalidad y el fútbol desplegado por la “generación de oro” belga, del atrevimiento de México y Corea del Sur para dejar por fuera en fase de grupos a los germanos, e incluso de Rusia y su capacidad para entender las limitaciones que tenían, enfrentar a selecciones de mayor peso y aún así dejarlas en el camino. Es fácil opinar ahora, que todo está cerca del final.

Pero, sinceramente, ¿quién se imaginó este desenlace? Nadie, supongo. Antes de comenzar la copa del mundo, muchos pensábamos que la historia y jerarquía de los grandes iban a seguir imponiéndose porque sí, a regañadientes, porque no había de otra. La bofetada que nos dieron, o al menos así lo siento yo, fue bastante fuerte. Confieso que no me molestó del todo, aunque llegué a pensar en algún momento que sinceramente no comprendía cómo estaba pasando todo esto.

Quedó demostrado que ya no se gana un Mundial por la cantidad de estrellas que tengas bordadas en la camiseta: Brasil es prueba feaciente de ello. Ya sabemos que, para Catar 2022, sí es posible que Alemania pueda caer antes de los cuartos de final. Tenemos muy claro que no importa si eres Italia u Holanda, si no das la talla en las eliminatorias, no hay quien te salve. Nos dimos cuenta a través de España que de nada te sirve tener grandes jugadores y hacer cientos de pases en un partido, si al final no sabes cómo llegar al arco contrario y meterla. La cruda realidad nos golpeó de lleno al ver que el mejor jugador del mundo no puede ganar este torneo solo.

Es el momento del fútbol ascendente. Este deporte, queramos o no, se emparejó. Las selecciones llamadas a ser solo “participantes”, acortaron la brecha que las separaban de las de élite. Con sus fromas y estilos bien definidos, hoy pueden decirle al mundo que pese a no contar quizá con grandes individualidades o no tener en su palmarés múltiples títulos, pueden hacerle frente a quien sea y, además, salir ganando.

Sin duda que esto es una excelente noticia para el fútbol en general. Que se rompan estos paradigmas nos hace pensar que el próximo evento mundialista será mucho más complicado para todos. Quizá veremos una Copa del Mundo con 48 países (aún no se define) y eso puede significar que la competitividad aumentará. Pasará el tiempo y veremos si estamos en lo correcto. Por lo pronto, disfrutemos de los cambios que están ocurriendo y son el presente de este magnífico deporte.

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