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Osario de Kutná Hora

Coronavirus amenaza reconstrucción del osario de Kutná Hora

01/08/2020 | 08:01 am


PRAGA.- Ante una estática alterada que amenaza derrumbamiento y la ausencia de turistas durante tres meses en medio de una crisis pandémica, el osario de Kutná Hora, que con sus guirnaldas de calaveras es uno de los lugares con más morbo y más visitados de la República Checa, se enfrenta a una encrucijada incierta.

Y es que la crisis causada por la COVID-19 ha cegado las fuentes de ingresos turísticos, necesarios para financiar la reparación de este templo que alberga los restos de unas 60.000 personas, y que se hunde.

RECONSTRUCCIÓN INAPLAZABLE

«De no haber intervenido, se nos vendría abajo en unas pocas décadas», explica a Efe Radka Krejci, jefa del Centro de Información de la localidad bohemia, situada en el centro de la República Checa, a 85 kilómetros al este de Praga.

El plan de reparación iniciado en 2014 debería finalizar en 2027 y prevé una financiación exclusivamente con fondos propios, esto es, sólo con la recaudación de las entradas, y sin préstamos ni ayudas de ninguna clase por parte del Estado o la Unión Europea (UE).

«Y ahora nos ha golpeado la pandemia que obligó a cerrar el osario del 13 de marzo al 25 de mayo, con lo que estamos agotando las reservas para proseguir», se lamenta Krejci.

Tras haber invertido ya unos 2,3 millones de euros, los trabajos de restauración requieren aún de otros 5,4 millones, precisa.

La reconstrucción consiste en apuntalar los cuatro pilares del edificio y cavar una gran zanja en el perímetro para aislarlo de humedades, lo que les permitirá además habilitar una nueva zona de exposiciones.

CARÁCTER SACRO

«Queremos en esa exposición mantener el carácter sacro del lugar», afirmó asimismo la experta checa, quien por otro lado criticó la costumbre de algunos visitantes de tocar los huesos.

Para proteger el legado, desde principios de esta año está prohibido sacar fotos en el osario.

«Antes algunos visitantes manoseaban los huesos y hasta arreglaban las calaveras a su gusto para hacerse un ‘selfie'», apostilló Krejci.

ÚNICO EN EL MUNDO

El osario de Kutná Hora recibió su aspecto actual a principios del siglo XVIII, aunque los huesos datan de mucho antes. Es único en el mundo por sus diseños en forma de guirnaldas, lámparas, escudos y pirámides, decorados con calaveras y huesos, y con una geometría simbólica aún por descifrar, según los estudiosos.

Medio millón de turistas visitan cada año esta tumba, que hace las veces de un museo de apariencia morbosa.

Pero debido a las medidas para evitar la expansión del coronavirus, las visitas se han frenado de tal manera que los ingresos acumulados entre enero y junio pasados apenas suponen el 20 por ciento de los conseguidos en el mismo periodo del año pasado, precisa Krejci.

LENTA RECUPERACIÓN TURÍSTICA

Los brotes de COVID-19 en el país centroeuropeo, donde en los últimos días se registra un aumento de contagios diarios hasta niveles que no se veían desde el inicio de la pandemia, hacen que el turista sea cauto.

Empiezan a llegar con cuentagotas: tras su reapertura a fines de mayo, «un brote en una localidad cercana a Kutná Hora puso en alerta a los turistas checos, que dejaron de venir», recuerda Krejci, cuya oficina intenta ahora atraer más visitantes.

Lo hace por medio de vídeos promocionales dirigidos a redes sociales, un billete conjunto válido para las tres principales atracciones turísticas de la ciudad (osario, catedral de la Asunción de Nuestra Señora y San Juan el Bautista, e Iglesia de Santa Bárbara) y otras ofertas.

«Aunque el osario está en reconstrucción, la visita guiada fue apasionante. En realidad toda la visita a Kutná Hora cumplió nuestras expectativas», afirmó Eva, una checa que pasea por la antigua ciudad medieval con su familia, sin miedo al COVID-19.

El lugar continúa abierto al público durante las obras y no requiere el uso de mascarilla, ya que el flujo está regulado para impedir que se concentren más de cien personas bajo el mismo techo.

TURISTAS Y ESTUDIOSOS

Kutná Hora es también conocida por sus yacimientos de plata.
Dos de sus templos religiosos, como también el casco histórico, están bajo el patrocinio de la UNESCO.

Es además un sitio que acapara la atención de arqueólogos, médicos y expertos en heridas que estudian el cuerpo humano y el efecto de lesiones en la anatomía, no en vano en su historia ha sido testigo de numerosas desventuras, entre hambrunas, pestes y guerras, como acreditan los huesos de las 60.000 personas que yacen aquí.

«Se dice comúnmente que hay 40.000 personas, pero en los últimos estudios arqueológicos, con motivo de la reconstrucción, hemos verificado que son 60.000 y que la mitad de ellos murieron por la hambruna de 1318», indica Krejci.

Otros sucumbieron a la epidemia de peste a mediados del siglo XIV y a las guerras civiles del siglo XV.

En 1421 un incendio alteró la estática del dificio y en el siglo XVIII, para tratar de impedir su hundimiento, el arquitecto Juan Blas Santini elevó una nueva entrada, a modo de contrafuerte.

Pero solo en parte ha logrado parar el peligro, pues a lo largo de todo este tiempo acumula «una inclinación de medio metro», dice Krejci.

EFE

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