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Ballenas

Avistamiento recreativo de ballenas puede ayudar a su preservación

Delfines, cachalotes, ballenas fin, jorobadas o la majestuosa azul -el animal más grande del planeta- se dejan ver con asombrosa frecuencia cerca la costa de Chañaral de Aceituno

04/03/2017 | 04:39 pm


Ballena

CHAÑARAL DE ACEITUNO, Chile.- Los sonidos y vibraciones de los buques alteran las rutas y hábitos alimenticios de las ballenas, pero una adecuada regulación del avistamiento recreativo puede ayudar a su preservación, como intentan demostrar científicos y pescadores en el litoral chileno.

Chañaral de Aceituno, una caleta de pescadores situada junto al desierto de Atacama, amanece tapizada por una tenue bruma. El verano austral regala todavía mañanas como esta, en las que la temperatura es agradable y apenas corre una ligera brisa.

Pescadores, mariscadores y algueros salen a faenar en sus botes. En el austero muelle, comienzan a llegar los turistas que anhelan encontrarse de cerca una espectacular ballena azul.

El futuro de la caleta preocupa a sus habitantes, pero también a los científicos, investigadores y naturalistas que llegan para estudiar en terreno su extraordinaria riqueza.

Chañaral, a 600 kilómetros al norte de Santiago, está situado frente a la isla del mismo nombre, en la Reserva Nacional Pingüinos de Humboldt. En invierno su población apenas supera el centenar de habitantes.

Basta un bote de diez metros y un pescador con experiencia para ofrecer a los visitantes la emoción de escuchar un fuerte soplido y a continuación descubrir un enorme lomo gris. Y si la suerte acompaña, la figura perfecta de la aleta caudal del «gigante azul» antes de desaparecer bajo el agua.

Un kilómetro alrededor de la isla Chañaral se extiende la reserva del mismo nombre; un refugio para especies que apenas pueden verse en otros lugares del mundo.

La costa isleña, donde está prohibido desembarcar, ofrece un completo espectáculo de vida salvaje. Una ruidosa comunidad del lobo marino común cría a sus cachorros cerca del lugar donde los pingüinos anidan bajo los cactus.

El lobo fino austral nada con agilidad rodeado de unas simpáticas nutrias llamados «chungungos». Aves como el petrel, el zarapito o el cormorán salpican el cielo y las olas.

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Científicos de la Universidad de Valparaíso dirigidos por la bióloga Maritza Sepúlveda han realizados estudios sobre el comportamiento de los cetáceos ante la actividad turística y las posibilidades de la caleta como destino sustentable para la observación los animales marinos.

De ellos se desprende que, con un comportamiento respetuoso durante el acercamiento de los botes, el avistamiento recreativo no debería resultar dañino.

Confían en que algún día alguien lidere y financie el rearme de los esqueletos para mostrarlos en un centro de interpretación que aporte valor a los avistamientos y conocimientos a los turistas.

EFE/SPLL