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Ana Josefa Uribe: La cantadora de fulías

19/06/2021 | 09:33 pm


CARACAS.- «Tal día como hoy, pero en 1913, nació Ana Josefa Uribe, en el caserío Mendoza, perteneciente a la parroquia Caucagua, municipio Acevedo del estado Miranda. La cantadora de fulías y de los golpes de tambor Mina y Culo ‘e puya, siendo muy joven, junto a su hermana Natividad, se vino a Caracas a trabajar en Casas de familia. Pero siempre regresaba a Mendoza en ocasiones especiales, como las fiestas patronales en honor al Sagrado Corazón de Jesús, La Navidad, y por supuesto las fiestas de San Juan Bautista”, comenta el profesor universitario Ángel Palacios, egresado de la Escuela de Artes, mención musicología, UCV.

“Yo solo veía a Ana en Mendoza en esas ocasiones. Recuerdo desde muy joven su extraordinario timbre vocal, su entusiasmo para el canto y su fluidez para los versos. Siempre tuve excelentes relaciones con su familia en Mendoza, quienes eran mis vecinos (Luis Miguel Uribe, muy apreciado en Mendoza, y quien murió a sus ventititantos en un penoso accidente vehicular, fue mi mejor amigo desde la infancia. Era sobrino nieto de Ana”, destacó el catedrático universitario.

Continúa Ángel Palacios: “Cuando en el año 1998 la Fundación de Etnomusicología y Folklore (FUNDEF) le encargó a Convenezuela, grupo que yo coordinaba, a editar un disco y a realizar un concierto en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), con motivo de los 50 años de “La Fiesta de la Tradición”, iniciamos la revisión de las recopilaciones musicales de Liscano, que estaba en posesión de Oswaldo Lares, Director-Fundador del grupo, y sobrino de ese folklorista e investigador. Yo estaba encargado del Centro de Documentación de la Fundación Bigott y emprendí la revisión de su obra literaria.

Descubrí en dos de sus obras, “Los fuegos sagrados” (1990) y “Barlovento” (1997), importante información sobre los viajes de investigación de Liscano. En el libro dedicado a sus cuitas en mi región natal, cuando pasa a detallar las diferentes tonadas de los golpes de tambor que recopiló, persisten dos nombres: Ana y Natividad Uribe. Cuando menciona a “Tumbá, tumbá”, “Cheste” y otras, él siempre acota “oídas a Ana y a Natividad Uribe de Caucagua.

Oswaldo quería que para ese concierto estuvieran presentes algunos de los que hubieran participado en ese festival de 1948. Ya él había contactado a Fortunato Piña, de Curiepe. Yo le comenté sobre mi hallazgo en el libro de Liscano: ¡Yo conozco a una señora que se llama Ana Uribe, tiene una hermana que se llama Natividad, y son de Mendoza (perteneciente a Caucagua)!.

Lares casi que me ordena ubicar a Ana para salir de dudas… ¿Sería posible que la Ana Uribe que yo conocía desde niño en Mendoza, fuera la misma que Liscano menciona en su libro?

Para ese entonces, a sus 85 años y alejada de toda labor ajena a las del hogar, Ana residía en Carrizal, con sus hermanas Natividad y Cenobia, y con otros familiares. Cuando la llamé y le pregunté si conocía a un tal Juan Liscano brincó de la emoción (y a mí se me erizó todo el cuerpo con su respuesta: ¡Como nooo…! Y allí pasó a contarme una parte de su vida que me marcó por su contenido tan hermoso.

Resulta que cuando Ana se vino a Caracas, tuvo la fortuna de trabajar en la residencia de los Liscano Velutini, en Chacao (Country Club).

Hacia el año 1939, Juan Liscano andaba en sus correrías por buena parte del país, visitando pueblos y cultores, y grabando manifestaciones musicales con su aparato portátil recién adquirido. En una ocasión, de regreso a su casa, escuchó a Ana cantando la fulía “Se fue volando”, mientras lavaba, y así la grabó, a capela, como si fuera un canto de trabajo.

Liscano, curioso y súper interesado en todo lo relacionado con el folklore, entrevistó a Ana y a su hermana Natividad (quien trabajaba en la casa del frente), solicitándoles información sobre las tradiciones de su pueblo.

La interpretación de Ana fue incluida, junto a otras piezas, en la serie de discos recopilatorios “Folk Music Of Venezuela”, editado por la Biblioteca del Congreso de EEUU, bajo la producción de Juan Liscano & Charles Seeger (1947). Por lo que cuando el Quinteto Contrapunto comenzó sus andanzas, revisaron esa producción y de allí sacaron la fulía “Se fue volando”, y la incluyeron en su repertorio, en la excelente voz de Morella Muñoz.

En el año 1948, cuando Juan Liscano estaba organizando “La Fiesta de la Tradición”, se llevó a ensayar a su casa a “Los tocapalitos”, como era conocido el grupo que representaría a Barlovento, conformado por cultores y celebrantes provenientes de varios pueblos y caseríos del litoral mirandino. Recordemos que él tenía gran afinidad con ese pueblo y una gran amistad con Juan Pablo Sojo (había visitado a Curiepe varias veces). Ana, y su hermana Natividad, fueron incluidas en ese grupo, participaron en ese festival en el Nuevo Circo de Caracas, y en otras actividades musicales que tuvieron en la ciudad, luego de culminado el evento.

Ana fue mi heroína desde siempre y para siempre. La trajimos a Caracas y la pusimos a escuchar las grabaciones que le había hecho Liscano más de 50 años atrás (ella nunca las había escuchado, ya casi no reconocía su voz de veintiañera). El encuentro en el Celarg fue apoteósico, en pleno escenario, entre Fortunato, (quien esa noche tocó Culo ‘e puya), con Ana (quien cantó como nunca) y Natividad (quien se atrevió a bailar, pese a que estaba de luto por la pérdida de su hijo semanas antes). Luego se les unió Juan Liscano, quien muy entusiasmado los abrazó a todos y comenzaron a recordar anécdotas. Recuerdo que Liscano escribió sobre ese encuentro en su columna semanal del diario El Nacional.

Te recuero bonito, mi querida Ana, y mucho más ahora que se acera la fiesta de san Juan Bautista, nuestro santo más adorado”.

Ángel Palacios.

Unión Radio