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A 39 años de su asesinato, la historia del Monseñor Romero sigue presente

24/03/2019 | 03:28 pm


Un día como hoy, 24 de marzo del año 1980, el entonces arzobispo de San Salvadormonseñor Óscar Arnulfo Romero fue asesinado de un disparo mientras ofrecía una misa en pro de defender los derechos humanos.

Romero provenía de una familia humilde. Siempre se caracterizó por tener un carácter tímido y reservado pero con gran amor por ayudar a las personas. Desde pequeño, siempre supo que su mayor deseo era convertirse en sacerdote.

A pesar de las dificultades económicas, logró estudiar con los padres Claretianos de San Miguel y con los Jesuitas en el Seminario San José de la Montaña. Fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y ocupó el mismo cargo en el Secretariado Episcopal de América Central. Luego, en el año 1970, la Iglesia lo nombró Obispo Auxiliar de San Salvador, sin embargo, no logró adaptarse a algunas líneas pastorales.

Ese mismo año, la situación de violencia en El Salvador aumentaba. En el año 1975, se produjo un suceso conocido como «Las tres calles», donde un grupo de campesinos que regresaban de una misa fueron asesinados sin piedad. El informe policial hablaba de sujetos armados. Sin embargo, estas personas sólo cargaban sus biblias.

Debido a ese hecho, la Iglesia se levantó en contra de estos actos y una persecución en contra de ella comenzó a cobrar vida. Aunque monseñor Romero creía fielmente en el gobierno, poco a poco entendió que detrás de toda una estructura política, habían actos de terror y corrupción.

El 3 de febrero de 1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador. Un mes más tarde, el pueblo se conmovió con la triste noticia del asesinato del padre Retulio Grande. Tiempo después, la situación se complicó más con un fraude electoral que designó a Carlos Humberto Romero para la presidencia.

Por todos estos problemas, las personas se acogieron en la Iglesia. Los fieles sintieron la protección de ella y la fe se convirtió en punto específico para resolver cualquier problema.

Monseñor Romero defendió fervientemente la dignidad humana. Tenía una actitud de denuncia a la violencia y al régimen. Todos los domingos ofrecía una misa para hablar de los acontecimientos del país y cómo cambiar esa estructura a través de la esperanza.

Un domingo 23 de marzo de 1980, pronunció su último discurso.

«En nombre de Dios y este pueblo sufrido, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: CESE LA REPRESIÓN».


Palabras que le costaron la vida horas más tarde.

El 24 de marzo, Oscar Arnulfo Romero fue asesinado de un disparo en la Capilla del Hospital La Divina Providencia. Fue enterrado 6 días después y su cuerpo fue acompañado por gran cantidad de personas fieles a la Iglesia.

A 39 años de su asesinato, la historia del Monseñor Romero sigue vigente por ser un símbolo de unidad y de defensa de un pueblo desprotegido y controlado por un régimen violento.

La Iglesia Católica de El Salvador conmemoró el día sábado el aniversario 39 del martirio de San Óscar Arnulfo Romero, canonizado el pasado 14 de octubre por el papa Francisco en Ciudad del Vaticano. Con cantos los salvadoreños y extranjeros participaron en una peregrinación para recordar el legado del monseñor.

De su historia se dicen muchas cosas. De hecho, el cantante panameño, Rubén Blades lanzó en el año 1984 una de sus canciones más famosas «Padre Antonio y el monaguillo Andrés» que relata los sucesos de lo acontecido en aquella época con monseñor Romero.

LETRA

El Padre Antonio Xejeira vino de España
Buscando nuevas promesas en esta tierra
Llegó a la selva sin la esperanza de ser obispo
Y entre el calor en entre los mosquitos habló de Cristo
El padre no funcionaba en el Vaticano
Entre papeles y sueños de aire acondicionado
Y fue a un pueblito en medio de la nada a dar su sermón
Cada semana pa’ los que busquen la salvación

El niño Andrés Eloy Pérez tiene diez años
Estudian la elementaria «Simón Bolívar»
Todavía no sabe decir el Credo correctamente
Le gusta el río, jugar al fútbol y estar ausente

Le han dado el puesto en la iglesia de monaguillo
A ver si la conexión compone al chiquillo
Y su familia está muy orgullosa, porque a su vez piensa
Que con Dios conectando a uno, conecta a diez

Suena la campana: un, dos, tres
Del Padre Antonio y su monaguillo Andrés

El padre condena la violencia
Sabe por experiencia que no es la solución
Les habla de amor y de justicia
De Dios va la noticia vibrando en su sermón

Pero suenan las campanas: un, dos, tres
Del Padre Antonio y su monaguillo Andrés

Al padre lo halló la guerra un domingo de misa
Dando la comunión en mangas de camisa
En medio de un padre nuestro el matador
Y sin confesar su culpa le disparó

Antonio cayo, ostia en mano y sin saber por qué
Andrés se murió a su lado sin conocer a Pelé
Y entre el grito y la sorpresa, agonizando otra vez
Estaba el Cristo de palo pegado a la pared
Y nunca se supo el criminal quién fue
Del Padre Antonio y su monaguillo Andrés

Pero suenan las campanas otra vez
Del Padre Antonio y su monaguillo Andrés

Unión Radio.