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Que difícil es jugar tenis en Venezuela

21/09/2017 | 09:35 am


Venezuela ha sido un país que a lo largo de su historia ha demostrado que, para apoyar un deporte y que a su vez reciba aportes económicos públicos y privados, requiere de la exclusividad de estar considerado entre los llamados “élites” del país. De no formar parte de ese selecto grupo afanado de disciplinas “potencias”, lo único que queda es echar el resto a fuerza de voluntad y con lo poco que se disponga hacia su causa.

El tenis venezolano que nos ha venido representando en las diversas ediciones de Copa Davis, en los últimos dos años, ha sufrido en carne propia del rechazo de quienes deberían velar por el crecimiento de la misma para masificar el deporte y para llevarlo a un nivel más competitivo. Lamentablemente esto no ha ocurrido, y el grupo de valientes raquetas que sin nada a cambio nos representan dignamente, deben obrar milagros para poder representar la bandera de su amado país. Sin olvidar el descuido general durante muchos años en el deporte como tal.

Han pasado más de 15 años que el cuadro vinotinto no ha logrado ingresar a la primera ronda del grupo mundial (1995 y 2002) y hoy luce cada vez más distante este anhelado objetivo. En las tres últimas ediciones, se ha estado a un paso del ascenso al grupo uno (1) de la zona Americana, pero el esfuerzo ha sido en vano, puesto que no se consuma el triunfo que los lleve al siguiente nivel.

En los últimos dos años el tenis venezolano, ya de por sí poco apoyado, ha sido víctima no sólo del alejamiento de los entes nacionales, sino de las sanciones internacionales. Lo ocurrido en la final de grupo hace un año ante Perú, al perder la sede por motivos de seguridad país, fue el primer paso de la Federación internacional de tenis (ITF) hacia los nuestros. Sin saber lo que aún faltaba por ocurrir.

En el 2017. El grupo comandado por el capitán Yohny Romero debió sortear a lo largo de la competencia en su grupo con cualquier clase de obstáculos, desde tener que mudarse a Miami para jugar sus series de “local” ante Bahamas y El Salvador, hasta tener que disputar la final frente a Barbados, sin la presencia de un miembro del combinado nacional y el psicólogo. La causa. Falta de divisas para su pasaje y traslado de parte del Ministerio del Deporte, como también la no entrega de recursos para cada miembro del seleccionado, obligando a la federación venezolana de tenis FVT y jugadores ha realizar malabares para gestionar tan importante serie definitoria y prácticamente todo el año competitivo.

No hay duda que hechos como éste siguen alejando a los venideros tenistas que deseen representar al país. De por sí, ya es una disciplina de alto costo, y si sumamos la falta de apoyo y recursos, la generación de relevo optará por buscar becas fuera de nuestras fronteras o dedicarse a un trabajo que no conlleve una pelota y una raqueta. Para de esta manera evitar ser víctima del gasto despiadado que la disciplina genera, dejando así un vacío en las futuras generaciones del tenis nacional y en la profesionalidad de la misma.

No queda más que aplaudir el esfuerzo de quienes aún creen en el tenis venezolano y los que se atreven a competir a nivel profesional y representarnos. Personas como Ricardo Rodríguez, Luis David Martínez, Jordi Abreu, Miguel Ángel Esté, Roberto Maytin, David Souto, por mencionar en la actualidad en la rama masculina, son algunos de los valientes que intentan hacer algo a cambio de nada por el país, sin que alguno vele por ellos. En un año donde a nivel deportivo pese a las realidades del deporte dejó buenas sensaciones.

Una historia de nunca acabar de las disciplinas menos queridas en el entorno venezolano y que nos muestra la dura realidad de los deportes menos populares del país, que para mantenerse en el tiempo deben recurrir a la magia y a los milagros de turno para no desaparecer del panorama nacional.

Por: Giancarlo Figliulo

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