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Cortesía - @CangrejerosBBC

La desconocida Liga Nacional de Baloncesto

05/10/2017 | 06:00 am


Como bien sabemos los éxitos en los últimos años de la vinotinto de baloncesto venezolano no están ni remotamente cerca de la realidad de la liga profesional, la cual siendo la ventana principal para la exposición del talento que conforma el día a día del combinado nacional, sufre para poder organizarse y mostrarse con fuerza durante cada temporada, cuyas recientes zafras han pasado por debajo de la mesa.

Desde el 2014 hasta la fecha, la vinotinto de mayores ha logrado adjudicarse la medalla de oro en el FIBA Américas,  en México y su segunda participación en unos juegos olímpicos. Medalla dorada en  los sudamericanos del  2014 y 2016 en Margarita y Caracas, respectivamente,  por citar algunos logros. Hechos inéditos que ubicaron al baloncesto como el deporte colectivo más exitoso en los últimos años en el país.

Pese a estos logros cuando evaluamos la cotidianidad de la liga profesional de baloncesto (LPB) la realidad es otra. Siendo este un torneo el cual sufre cada año para poder organizarse y cumplir las exigencias FIBA,  en cuanto a su nuevo formato y calendario, incumpliendo dichas exigencias e improvisando el mismo. Así se ha vivido la LPB en sus últimas ediciones.

Sin entrar en detalles en el semestre competitivo de la LPB, la segunda mitad del año  para estos atletas de los tableros nace en la liga nacional de baloncesto (LNB), evento ampliamente desconocido por los venezolanos, cuya cobertura es escasa y en donde figuran cada vez menos equipos mientras que otros desisten en el intento de permanecer en la misma con el paso del tiempo.

La LNB cumple este año su edición XXII, con un total de seis equipos, siendo Guaros de Lara el único en mantenerse en ambas ligas, mientras los otras franquicias de la LPB hacen caso omiso a tan importante torneo que no representa valor para ellos, sino mas bien perdidas, por ende cada temporada de este torneo pasa cada vez mas por debajo de la mesa. Con una organización poco estable y menos rentable. Pese a todo la liga cuenta con hasta tres divisiones.

Que el actual monarca de la LNB, Broncos de Caracas no participe en el torneo, demuestra el poco peso que tiene el mismo dentro del universo del baloncesto venezolano, y lo complicado que es para la Federación Venezolana de Baloncesto poder sostener en el tiempo este certamen con la mayor responsabilidad posible. Muchos son los equipos que el tiempo ha desaparecido y que hoy no están. Una lástima debido a que los principales afectados terminan siendo los jugadores, quienes en vista de las pocas oportunidades y ofertas en su propio país deciden optar por jugar en ligas poco desarrolladas en el extranjero, en países que ni remotamente son competitivos con el único fin de mantenerse activos. Otros, lamentablemente quedan sin empleo.

Con más de dos semanas de competición la LNB entra en un plano clandestino a nivel mediático en nuestro país. Su cobertura es muy poca y su centimetraje en la prensa nacional es casi nulo, Salvo la página web oficial de la FVB. Hecho preocupante que obviamente llevan al mismo a vivir bajo las sombras de principio a fin. Un daño claro hacia el baloncesto venezolano y que sin importar sus logros más recientes ha generado el interés necesario para que esta disciplina tenga un crecimiento y un desarrollo sostenido.

Los años pasan, la generación actual de vinotintos de los tableros está cerca de culminar su ciclo. A la espera de quién será su nuevo estratega y en vista de los pobres resultados en las categorías menores, no queda más que preocuparse por el futuro inmediato del baloncesto, sobretodo, por una generación de relevo que nos mantenga a la altura de las expectativas. El resto del continente ya avanza a pasos lógicos en este modelo, entretanto, en Venezuela, seguimos de brazos cruzados esperando otro milagro generacional que ponga el tricolor en lo más alto del podio.

Mientras esto sucede la Liga Nacional de Baloncesto vive su curso sin que la mayoría de los venezolanos sepa de ella y seguro pocos se enterarán.

Por Giancarlo Figliulo